De Abascal a Macri: el chavismo, la carta del miedo de la derecha

España 24 de noviembre de 2019 Por
Del Vox español a Cambiemos de Argentina, la experiencia venezolana es capitalizada para desacreditar a los partidos progresistas y alimentar una anacrónica amenaza comunista. Cómo forjan sus estrategias discursivas los líderes del conservadurismo extremo.
Versión tercera
- Galerías de Página 12 y El País.

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Desde que el gobierno chavista se desmarcó de las formas democráticas y la población venezolana finalmente se volcó a las calles en reclamo de elecciones transparentes y un modelo industrial que no dependa de una corrompida usina exportadora petrolífera, la fallida experiencia caraqueña ha sido capitalizada como espejo de las desgracias por las derechas del mundo.

En Argentina, al caso, el por antiguo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, se instalaba en 2015 en la Casa Rosada tras remontar una campaña de proselitismo centrada en ligar al kirchnerismo –Frente para la Victoria- con el chavismo residual de América del Sur. La expresión "Argenzuela" formaba parte del ideario discursivo de todos los dirigentes de partido de derecha liberal Cambiemos. Una vez sembrado el miedo, el estancamiento en el crecimiento y la inflación de veinticinco puntos irresuelta por Cristina Fernández de Kirchner hicieron el resto.

En quince días -10 de diciembre de 2019- el propio Macri abandonará la presidencia argentina dejando los registros macroeconómicos más bajos desde el advenimiento de la democracia en el ´83: un 550 por ciento de devaluación del peso argentino, un índice de paro rayano al 12 por ciento, una tasa de pobreza que ha alcanzado el 37 por ciento y una deuda con el Fondo Monetario Internacional de 54 mil millones de dólares. El abanderado de la denominada "Revolución de la Alegría" firmó una inflación interanual del 55 por ciento durante 2018 y 2019, configurando los índices más altos del mundo, únicamente detrás de Zimbawe y… su repelida Venezuela.

De este lado del Atlántico, otro hombre de derecha, tecnócrata como el propio Macri, merodea la Moncloa: el presidente de VOX, Santiago Abascal, ha cosechado 52 escaños en las elecciones del 10 de noviembre. Aunque todavía lejos de las cifras de bancas del PSOE y PP, la ultraderecha empieza a mostrar sus dientes en España. Y sí, su discurso de campaña ha estado –y está- plagado de alusiones al chavismo, especialmente luego que Pedro Sánchez acordara un Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Abascal ha hecho lo imposible por ligar a Pablo Iglesias con el comunismo y el actual régimen venezolano, hasta arriesgar la posibilidad de que en España se implantarían cartillas de racionamiento, una hipótesis impracticable por los sistemas de gobierno de la Europa occidental contemporánea. ¿La última de sus punzadas? Sin mostrar prueba alguna, acusa a Pedro Sánchez de conspirar junto a la centroizquierda en favor de Hugo Carvajal, el exsecretario de Inteligencia de Hugo Chávez fugado de la justicia española.

De uno y otro lado, la extrema derecha multiplica alfiles dotados de la misma munición: proclamas que tienen al país caribeño como punto de convergencia. El italiano Matteo Salvini, del partido Liga, le reclama a la ONU que no repare en sus discursos xenófobos y preste atención a la emergencia humanitaria de Venezuela; en Brasilia, el presidente Jair Bolsonaro, cuestionado por sus dichos misóginos y racistas, fantasea con la respaldar una invasión al país y lo compara con Cuba y Corea del Norte.

Mientras la crisis venezolana continúa expulsando a millones de sus hijos hacia países sudamericanos y, en menor proporción, a Estados Unidos y Europa, la derecha liberal se obsesiona con tomar la fallida experiencia chavista para desacreditar cualquier contingencia que involucre, si no al socialismo, a los valores de justicia social. El destino de Macri ha quedado marcado por su incompetencia al frente del Ejecutivo Nacional de Argentina; el de Abascal dependerá del rol legislativo del bloque durante el próximo período y, ante todo, de los recaudos que adopte el potencial Gobierno de coalición por no dejar cabos sueltos (equilibrio en gasto social, rendimiento fiscal y relaciones internacionales) que alimenten el hambre demagógico de Vox. En esta dialéctica compulsa de la derecha, desde Buenos Aires a Madrid, Venezuela es la llave del discurso del miedo.

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