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Pruebas PISA: España se estanca en ciencias y matemáticas

El país se sitúa en la mitad del ranking y sus resultados no registran variaciones relevantes desde la última edición. Advierten sobre las pronunciadas diferencias de puntos entre las distintas comunidades autónomas. La opinión de expertos sobre cada asignatura.

Educación 03 de diciembre de 2019 Redacción Redacción
Pruebas Pisa en España, por LaVanguardia
Fuente: Agencias.

Según el análisis de La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ sobre España en las pruebas PISA 2018 (que miden las competencias de los alumnos de 15 años en ciencias, matemáticas y comprensión lectora), que se han hecho públicas este martes, es claro: “No se pudo establecer ninguna mejora o declive significativo en ninguna de las materias”. España se sitúa en la mitad del ranking, entre los 13 países de 79 que no han experimentado cambios relevantes.

A pequeña escala, el análisis es distinto. En ciencias, los alumnos españoles han obtenido los peores resultados desde que arrancó la prueba en el año 2000, con 483 puntos de media (13 puntos menos que en 2013). En matemáticas, la media ha sido de 481 puntos, cinco menos que en la última edición de 2015, cuando se alcanzó el mejor resultado de la serie histórica. En ambas disciplinas, la media de los países de la OCDE es de 489 puntos. En comprensión lectora, la OCDE anunció hace dos semanas que no se publicarían los datos de España por “anomalías” detectadas en la prueba de fluidez. Ahora estudia qué ocurrió y descarta intencionalidad.

Ningún país sube o baja de forma radical en la clasificación porque las transformaciones educativas de mejora o empeoramiento se observan a medio plazo. En matemáticas y ciencias, España está a la altura de países como Lituania, Hungría, Estados Unidos, Luxemburgo o Rusia. “La tendencia internacional muestra que los sistemas educativos de los países avanzados bajan; hay un patrón claro que se ve con los datos, no es un fenómeno exclusivo de España”, señala Lucas Gortázar, impulsor de REDE, una red de expertos para elaborar propuestas consensuadas y elevarlas a los gobernantes. Entre las autonomías, las que tradicionalmente obtenían mejores resultados (Castilla y León, Navarra y Madrid) también han empeorado. “Hay muchas hipótesis de por qué; puede ser porque el alumnado es cada vez más variado en términos de nacionalidad o de situación socioeconómica, lo que está claro es que hay que analizar por qué los sistemas educativos pierden fuerza”, añade.

En España, las diferencias entre comunidades autónomas son muy pronunciadas. En ciencias, un alumno gallego (con 519 puntos de media) está al mismo nivel que un estudiante de Canadá o Taiwán; mientras que un ceutí (con 415, 95 puntos menos) se mide con escolares de Costa Rica o Albania. En PISA, 30 puntos equivalen a un curso académico. Los examinados ahora son la primera generación criada en España en un contexto de recortes educativos, que empezaron en 2011. Hay un 62% más de profesores precarios que en 2009, 2.214 docentes menos que hace una década (fueron 32.000 menos en 2013), y los profesores imparten 20 horas semanales de clase (dos más que antes de la crisis), según datos del sindicato Comisiones Obreras.

En su libro Primera clase, el director de PISA, el alemán Andreas Schleicher, recomienda a España que para mejorar en el test –que mide la capacidad de resolver problemas de la vida real– se trabaje menos la memoria y más otras facetas como la capacidad crítica, el trabajo en equipo o la creatividad. Ese cambio pedagógico se empieza a ver en Primaria, pero no en Secundaria, que sigue anclada en la enseñanza tradicional. Los 36.000 alumnos de 15 años que el curso pasado se examinaron de PISA en 1.102 centros, siguen obteniendo resultados por debajo de la media de los países de la OCDE y, en esta nueva edición, hay una tendencia a la baja.

Si se analiza la posible repercusión de la actual ley educativa, la Lomce (aprobada en 2013 por el PP con la mayoría de grupos en contra) es difícil extraer conclusiones, ya que algunas de las principales medidas que contemplaba la norma para mejorar el rendimiento de los alumnos –como las pruebas externas obligatorias para obtener el título de la ESO y Bachillerato, las llamadas reválidas– no se llegaron a implantar. Uno de los posibles impactos de la Lomce, apuntan desde la federación de directores de institutos (Fedadi), es el cambio que introdujo en los sistemas de evaluación. Según sus cálculos, un profesor de Murcia está obligado a realizar hasta 10.000 anotaciones relacionadas con el progreso de los alumnos al año.

“La Lomce aumentó la carga burocrática de la evaluación, que se traduce en una sobrecarga para los docentes que tiene un efecto directo sobre la calidad de la enseñanza”, sostiene Raimundo de los Reyes, presidente de Fedadi. Tanto él como otros expertos consideran que más que la ley, los recortes en educación son los que han dejado al sistema cojo. “El aumento de las horas lectivas de los profesores de 18 a 21 horas supuso una reducción del horario complementario, que es el que se destina a tutorías, formación o reuniones de coordinación”, añade. En 2018, la ministra en funciones, Isabel Celaá, dejó en manos de las comunidades revertir esa medida.

La explicación que dan algunos países a sus malos resultados en PISA es que las pruebas son injustas porque los estudiantes deben resolver problemas que no han practicado previamente en la escuela. “La vida es injusta, las pruebas a las que te somete la vida no se pueden resolver con los contenidos que aprendiste en el colegio, son problemas que ni siquiera se pueden anticipar hoy”, explica el director de PISA, Andreas Schleicher.

Según recoge El País, ese punto es una de las críticas de Luis Rodríguez, presidente de la Comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española. “En matemáticas no hay bajada significativa en PISA, pero desde luego no hay mejoras. Y no las va a haber mientras en España haya una estructura de contenidos y no de competencias”. Critica que cada vez se añaden más contenidos –por ejemplo, de estadística y probabilidad– sin sentarse a pensar un nuevo modelo pedagógico que responda a las evidencias de las últimas investigaciones matemáticas.

PISA obliga en su test a “explicar fenómenos, diseñar experimentos, indagar o identificar pruebas, algo inhabitual en las aulas españolas”, considera Ángel Blanco, profesor de Didáctica de Ciencias Experimentales en la Universidad de Málaga. Explica que con la crisis se dejaron de hacer desdobles para las clases en el laboratorio. “No es lo mismo hacerlo con 15 alumnos que con 30”, lamenta Blanco, que cree que a medio plazo falta mejorar la formación permanente de los profesores y a medio plazo su formación inicial en la Universidad.

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