Los inimaginables caminos

Opinión 13 de noviembre de 2019 Por
Producto de los veloces e increíbles cambios, las dudas nos hacen girar vertiginosamente nuestra cabeza, como si estuviéramos sentados en un “carrusel digital”, siendo el desconcierto el que nos lleva a arrebatar la sortija del “por siempre jamás”…
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Por Víctor Manuel Sánchez

Entrevista a Luis Milani sobre la realidad actual en Latinoamérica*

VMS: ¿Los fenómenos sociales como los acontecidos recientemente en Argentina, Chile, Ecuador, un poco más alejados como lo sucedido en Venezuela hace algunos meses o hace más de un año en México con el ahora nuevo gobierno, tienen relación con lo que Silo, pensador y fundador del Humanismo Universalista y de todo un sistema de pensamiento llamado siloísmo llamó fenómenos de conciencia inspirada, en el que los pueblos se levantan del aletargamiento y se rebelan frente a la injusticia social, de una manera no violenta?

LM: Estamos experimentado un momento histórico único: el nacimiento de la primera civilización planetaria, el nacimiento de un pueblo psíquico. La compleción y plenitud de este nuevo mundo no sucederá mañana, pero tampoco habrá que esperar siglos. La veloz flecha que porta consigo un trasfondo cultural colmado de humanización ya está lanzada y su dirección es irreversible.

En el actual proceso de mundialización creciente, que logrará finalmente multiconectar y retroalimentar por primera vez a todos los pueblos y culturas, la aceleración del tiempo histórico producida por la revolución tecnológica está chocando con paisajes y miradas construidas en un tiempo que ya no es, involucrando todos los ámbitos del quehacer humano.

Producto de los veloces e increíbles cambios, las dudas nos hacen girar vertiginosamente nuestra cabeza, como si estuviéramos sentados en un “carrusel digital”, siendo el desconcierto el que nos lleva a arrebatar la sortija del “por siempre jamás”…

Convivimos con la hermosa esperanza que genera el arribo de este nuevo y renovado mundo, mientras simultáneamente crece la violencia en todos los rincones. Aún no ha llegado la época de la paz, ni mucho menos. Explosiones localistas, étnicas y religiosas; migraciones y conflictos bélicos en áreas restringidas amenazan la estabilidad. Por otra parte, las convulsiones y los desbordes sociales van creciendo y van ocupando nuevos escenarios mientras el fenómeno del terrorismo se avizora como peligro de grandes proporciones dado el poder de fuego con que hoy pueden contar individuos y grupos relativamente especializados.

VMS: ¿Tú, que has militado y transmitido socialmente el siloísmo por más de 40 años, que has difundido, llevado a cabo procesos de concientización y participación de la base social en países de Latinoamérica, Europa y África, qué puedes decir acerca de la época que estamos viviendo, marcada por un acelerado crecimiento de violencia en todas sus vertientes? 

LM: Se agiganta la desestructuración en todos los campos, tiñendo nuestro modo de pensar, sentir y actuar. Y arrastrados por ella, los fenómenos nos deslumbran por sus formas más externas y no por sus contenidos, mientras vamos disminuyendo nuestra capacidad abstractiva reemplazándola por un funcionamiento analítico que no advierte el proceso o la secuencia que implica cualquier fenómeno.

Es un mundo paradojal en el que las posibilidades parecerían amplificarse como nunca antes, mientras simultáneamente se profundizan las desigualdades en el ejercicio de derechos y oportunidades; los pueblos y las culturas van consiguiendo conectarse planetariamente y, sin embargo, afloran terribles conflictos étnicos; las personas se concentran en grandes asentamientos poblacionales y, sin embargo, en muchos de ellos aumenta la soledad y el individualismo; la conciencia percibe increíbles posibilidades futuras y, sin embargo busca refugio en antiguas creencias y dogmas.

Y como si esto fuera poco reaparecen en el menú, brotando debajo de una baldosa húmeda y añejada por el tiempo transcurrido, aquellos que creen que la única realidad a tener en cuenta es la concreta, intentando apagar las aspiraciones que comenzaron a partir del homínido. Se trata de algunos ideólogos-brujos-pensadores a quienes la época desestructurada les impone sus condiciones. No parece importante examinar la imagen actual de ser humano de tal modo de encontrar cierta coherencia entre lo que se afirma y el comportamiento de las poblaciones. Lo mejor es seguir exponiendo un indecente eclecticismo atiborrado de elementales contradicciones y futuribles que nunca se cumplen. Llegó con la crisis un viejo brebaje conocido como: “Pragmatismo Premium, con 200 ml. extra, un nuevo y controvertido packaging y al mismo precio que el tamaño convencional”.

Por supuesto que en cada región cultural los síntomas están acompañados por el conjunto de creencias y costumbres propias del folclore local y no todos los lugares muestran la misma sincronización y la misma aceleración, de tal modo que estos fenómenos son más evidentes en algunos puntos geográficos que en otros. Pero en todos los casos coexiste en lucha la imagen del mundo que se está yendo, que está expirando, con la imagen del mundo que inexorablemente está llegando. Allí se expresa una repetida y conocida lucha histórica entre la conservación y la transformación, entre lo viejo y lo nuevo, semejando la disputa entre un impresentable medioevo tecnológico y un potente y novedoso renacimiento humanista.

Pero de ningún modo puede considerarse la crisis actual como la decadencia final. Todo lo contrario: no podrían producirse avances significativos sin crisis significativas, y es, en este contexto, que está surgiendo simultáneamente una nueva sensibilidad y una ampliación de la conciencia que se corresponde con los nuevos tiempos.

Estamos presenciando la disolución de formas y contenidos precedentes que va correspondiendo con la ruptura de un “ropaje” que ya le queda chico al ser humano. Y sin lugar a dudas que, a pesar de las espantosas tragedias que estamos percibiendo y que esta crisis implica, el ser humano en este proceso está transitando hacia un engrandecimiento. Y es este forcejeo y fricción entre sentimientos encontrados, producida por esta estructura de imágenes entrecruzándose temporalmente, la que arrastra consigo la actual y extraordinaria crisis psicosocial que experimentamos.

Muchas veces hemos transitado por encrucijadas históricas similares que afectaron a un pueblo o a una civilización. Pero hoy, debido al avance de las comunicaciones y la mundialización creciente es la especie la que se encuentra en este punto. Entonces, como en las mejores narrativas de ciencia ficción, el continente imaginario individual y social se agiganta nutrido de especulaciones que presentan un abanico enorme de “peligros”, “muertes”, “resurrecciones” e inimaginables “caminos de felicidad y bienestar”. Sin lugar a duda está crujiendo el alma de acero de un monumental y antiguo edificio.

No se trata de una crisis parcial, limitada a algún sector en particular de la sociedad como podría ser el sector político, la economía, el arte o la vida religiosa, sino que se trata de una crisis estructural y global. Y además no parece quedar confinada en Occidente sino que tiende a extenderse a todas las culturas, a la civilización humana en general. Pero, tal crisis, como lo venimos afirmando, no debería ser interpretada en sentido trágico.

La crisis representa el agotamiento de un momento de proceso, el fin de una condición, y anuncia una transformación radical, aunque compleja y dificultosa, de la civilización humana. Y no obstante los peligros y las amenazas que implica, concierne a un crecimiento, a un avance del ser humano.

La crisis se produce porque el ser humano ha dado grandes pasos hacia adelante pero poco de lo logrado lo satisface plenamente. Se trata de un sistema que ya no satisface las necesidades del ser humano que está emergiendo en la era de la mundialización.

Veamos algunos ejemplos. Toda la corrupción que sale a la luz; la fermentación de la mayoría de las elites políticas, eclesiásticas, militares y económicas; el doble estándar que se expresa en varios campos; los privilegios o los éxitos logrados a costa de otros, sea por usurpación, explotación o por discriminación, no son de ahora; sin embargo, es ahora que comienzan a ser objetados con enérgico énfasis y es gracias a este emplazamiento, a esta renovada mirada, que esto es posible.

En nuestro camino hubo tendencias negativas que se han ido acentuando en el tiempo y que recién hoy somos capaces de ver, de transparentar y emplazar ante los ojos y la mirada de todos. El hecho de que la conciencia ponga ante sí estos hechos, que hasta ahora prefería ocultar, no implica solamente una nueva y transformadora mirada que finalmente logre superar (por ejemplo) la hipocresía, sino que habla también, sin duda, de un crecimiento de la conciencia humana. Y es en este sentido que podemos afirmar que la mayor conciencia es la que permite visibilizar lo que antiguamente parecía imposible.

Y en esta radiante senda el ser humano no sólo está modificando el mundo tangible, sino que también, desilusionado en su interioridad, está buscando y desarrollando nuevas formas de espiritualidad que den respuestas a sus interrogantes más profundos. Una nueva civilización va a nacer y en ella el valor más importante del ser humano será el otro ser humano.

VMS: ¿Cómo ves el futuro que se avecina? Crees que hay salidas no violentas y cuál es tu propuesta?

LM: Todavía nuestros corazones no logran intuir de dónde venimos ni hacia dónde vamos, ni tampoco el sentido de las transformaciones que se avecinan. Pero hemos comenzado a construir un fresco universo que porta consigo una exclusiva y particular sensibilidad cuyos ingredientes más importantes pueden resumirse del siguiente modo:

* El valor de la justicia, teniendo en cuenta la subjetividad, los intangibles. Considerar justo todo acto que permite al ser humano realizar íntegramente sus capacidades y formar su propia personalidad, sin perjuicio de los demás. Considerar injusta cualquier acción que anula o restringe la libertad de opción y otros derechos esenciales del hombre. Considerar injusto cualquier acto que se quisiera realizar con otros, pero que no se realizaría con uno mismo.

* La caridad, entendida como la capacidad de comprender el dolor del otro como dolor propio y la intención de prestar la ayuda y cooperación correspondientes. Sentir a los otros como si fuera yo mismo, es la actitud que permite superar hostilidades e intolerancias tribales y que exige la superación del hábito de dividir a los seres humanos entre próximos y ajenos.

* El amor como fuerza sicológica en la acción. El amor fraterno como tendencia que permite unirse solidariamente con los demás sobre la base de compartir una misma dignidad humana. De esta actitud, por ejemplo, surge la participación en innumerables protestas de hombres y mujeres que participan de las mismas sin estar afectados por la temática de los reclamos.

* La cooperación. La complementación. Nuevas relaciones que se construyen en el proceso de una actividad conjunta y donde se estimulan y multiplican los resultados de las acciones comunes. Surge también el rechazo al individualismo extremo con mayor conciencia de las consecuencias de los propios actos y compromiso personal en esa dirección. Menor contenido dialéctico. No hay cielos ni infiernos.

* El trabajo voluntario. El entusiasmo por delante, sin preocuparse por lo que se gana, o si se gana algo. La acción desinteresada. No se busca la remuneración y se está alejado de la cultura del consumo, en el sentido de la cultura que impulsa el intercambio de bienes y acciones. El desprendimiento personal. La actitud de servicio, el altruismo.

* Un renovado tipo de dialéctica generacional que incluye a los elementos progresivos de las generaciones anteriores.

* El crecimiento de la paridad de género, como particularidad relevante de un aumento en el reconocimiento y la práctica de la paridad humana.

* La fuerza que surge de forjar y batallar en conjunto con otros, por un futuro distinto. No es lo mismo creer que el ser humano desarrolla su vida pasivamente, como respuesta refleja frente a las condiciones y acontecimientos que lo rodean, que creer que el ser humano modifica y crea intencionalmente tales condiciones y acontecimientos. Es la acción coherente y transformadora en el mundo la que produce fuerza, en lugar de desgaste. Por ejemplo el no conformismo, que permite sobre ponerse a la derrota moral.

* Las búsquedas de nuevas formas en la toma de decisiones donde se privilegia la horizontalidad, la fraternidad y la no-discriminación. Estas búsquedas se manifiestan junto al afán de llegar a la comprensión mutua y a la conciliación de intereses y opiniones divergentes por medio de la persuasión y las negociaciones. Una renovada tolerancia.

* Una mayor claridad para identificar a los responsables de la crisis. Se observa una creciente identificación y unificación de los conflictos, quedando el sistema develado como estructura total y no como partes diferenciadas que no se relacionan.

* A nivel individual, y en particular en las generaciones más jóvenes, es evidente la búsqueda profunda de nuevas referencias, que no tiene antecedentes.

* En la percepción de la realidad se observa una oposición entre medios de comunicación tradicionales y las redes y medios digitales. Una nueva actitud frente a la información. Búsqueda de nuevas fuentes, actitud crítica y generación de contenidos.

* El rechazo a la manipulación. Aumento de la distancia entre las personas y las instituciones. Conciencia de la crisis de representatividad y de la influencia del poder económico sobre el poder político.

* Los jóvenes y la nueva sensibilidad. A las nuevas generaciones no les interesa como tema central el modelo económico o social que discuten todos los días los formadores de opinión, sino que esperan que las instituciones y los líderes no sean una carga más que se agregue a este mundo complicado. Por un lado esperan una nueva alternativa porque los modelos existentes les parecen agotados y, por otra parte, no están dispuestas a seguir planteamientos y liderazgos que no coincidan con su sensibilidad. Esto, para muchos, es considerado como una irresponsabilidad de los más jóvenes, pero no se trata de responsabilidades. Se trata de un tipo de sensibilidad que debe ser tenido seriamente en cuenta. Y éste no es un problema que se solucione con sondeos de opinión o con encuestas para saber de qué nueva manera se puede manipular a la sociedad. Este es un problema de apreciación global sobre el significado del ser humano concreto, que hasta ahora ha sido convocado en teoría y traicionado en la práctica.

Finalmente parece oportuno mencionar que se está reconsiderando y examinando una discutida imagen del ser humano, la cual pretendía sumergirlo en la naturaleza. En este sentido hay pensadores que afirman que se trata de un ser cuya conciencia es activa, donde el sujeto no espera ser afectado por los objetos del mundo sino, por el contrario, el sujeto constituye esos objetos y le da sentido al mundo.

Es un individuo activo que constituye el mundo, que tiene una responsabilidad con ese mundo y un compromiso histórico con la humanidad. Y esto implica que la conciencia deja de ser esa especie de receptáculo que espera ser afectada por los objetos y, en este sentido, cobra un dinamismo que la lleva a construir el mismo mundo. Por el contrario el punto de vista de la actitud natural es un punto de vista dogmático y enajenado que concibe al mundo de una manera aislada y absoluta. Este último punto de vista parte de un a priori injustificado, ya que no explica el origen de la realidad, sino que la asume de hecho.

¿Avanzará provisoria y velozmente el nihilismo y la violencia, descendiendo desde el pasado por un estrecho embudo que nos direccione hacia la nada, o crecerá la fuerza del ser humano lanzándose sin prejuicios hacia su intencional destino?

¿Resistirá mucho tiempo la confusión entre los modelos conocidos y los nuevos modelos?

¿Triunfará la apología de la estupidez, la incoherencia y la inteligencia débil o triunfará la creatividad, el talento, la inspiración y las legítimas aspiraciones de los pueblos?

¿Serán las nuevas generaciones las portadoras de imágenes trazadoras que penetren el futuro?

¿Vencerá el humanismo esta nueva batalla?

¿Será superada esta etapa histórica?

Hoy todavía no lo sabemos. ¿Quién podría saberlo?

Pero sí sabemos que este momento no es el fin de la historia.

 

 

*Luis Milani es militante del Movimiento Humanista desde hace más de 40 años, conocedor de procesos sociales en el mundo y especialmente de la realidad latinoamericana. Es una voz estética de la doctrina de Silo en su planteamiento social. Tiene a su haber infinidad de escritos sobre la organización de la base social con la metodología de la no violencia, entre ellos «La conciencia inspirada en momentos de convergencia social».

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