
“Salvar nuestra sanidad es salvarnos a todas”,
Redacción
Desde que empezó el año, algo se ha ido moviendo en Madrid. No ha sido de un día para otro, ni ha surgido de un solo barrio: ha sido un murmullo que crecía, que se extendía por calles, plazas y centros de salud, hasta convertirse en una voz colectiva que ya nadie puede ignorar. Porque cuando repetimos que “Salvar nuestra sanidad es salvarnos a todas”, no es un lema: es una certeza que nos atraviesa.
Todo comenzó en enero, cuando más de 100 colectivos firmamos una carta contra el sistema Oracle. Aquello no fue solo un documento: fue el primer aviso. Entendimos que ese sistema era otra forma de romper la relación médico-paciente, de deshilachar la Atención Primaria, de empujar a la gente a desconfiar de lo público. Y dijimos basta.
Después llegaron las calles, los cuerpos, las voces. Frente al Hospital 12 de Octubre, nos plantamos para exigir lo que debería ser obvio: revertir lo privatizado, contratar al personal que falta, mejorar las condiciones laborales y garantizar una atención digna. Allí, entre pancartas y megáfonos, se respiraba la sensación de que algo estaba despertando.

En el Hospital de La Princesa, la indignación tenía nombres y rostros concretos: las trabajadoras de Urgencias, agotadas por un deterioro que ya no podían soportar. Faltaban sábanas, mantas, lencería. La privatización del servicio de limpieza obligaba a veces a las propias sanitarias a limpiar camas y camillas. Y las obras de remodelación, prometidas desde hace años, seguían paralizadas. ¿Dónde estaba el dinero? ¿A qué bolsillos se desviaban los recursos públicos? Allí, en ese hospital, la pregunta se volvió grito.
Luego fue el turno del Gregorio Marañón, donde reclamamos las 35 horas semanales que ya se aplican en todo el Estado menos en Madrid. Pedimos reforzar la Atención Primaria para evitar el colapso de las urgencias y frenar de inmediato la privatización de sus servicios. Cada concentración era un recordatorio de que la sanidad pública no se defiende sola: necesita cuerpos presentes, voces firmes, manos alzadas.
Mientras tanto, seguíamos entregando reclamaciones de usuarias y usuarios, ya por séptima vez, registradas ante la Consejería de Sanidad. Cada una era un testimonio de frustración, de abandono, de resistencia.

El 2 de mayo, día festivo en la Comunidad de Madrid, lo convertimos en un acto simbólico: un fusilamiento de nuestra sanidad, una imagen dura pero necesaria para mostrar lo que sentimos que está ocurriendo. Ese día, la celebración se transformó en denuncia.
Y no paramos. Semana tras semana, barrio tras barrio, seguimos concentrándonos en los Centros de Salud. El 7 de mayo, una concentración unitaria terminó en un encierro, un gesto de desobediencia civil que dejó claro que no pensamos rendirnos.
Durante San Isidro entre rosquillas y chotis, repartimos folletos y cantamos nuestro propio chotis en defensa de la sanidad pública. Porque también en la fiesta cabe la lucha, y también en la tradición cabe la memoria de lo que estamos defendiendo.
Hoy seguimos organizadas, tejiendo redes, sumando manos, preparando el camino para que el 31 de mayo la Plaza de Cibeles sea un clamor. No es solo una marcha: es la historia de meses de resistencia, de cuidados mutuos, de dignidad compartida. Es la historia de un pueblo que ha decidido defender lo que es suyo.

Y esta historia aún no ha terminado. La estamos escribiendo juntas, paso a paso, calle a calle.






‘La plaza y el patio’, del Estudio Cano Lasso, gana el concurso de ideas para la construcción de un centro de servicios sociales en Usera

🕘 ¿A qué hora? 21:00 h
📍¿Dónde? Plaza de la Asociación – Orcasitas

PrensaldiaUsera en versión impresa acompaña a los vecinos en las tareas cotidianas






