El Barça cae eliminado en octavos de la Champions tras empatar con el PSG

Fútbol 11 de marzo de 2021 Por La Vanguardia
Paris Saint-Germain clasificó a los cuartos de final de la Champions League con global de 5-2.
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Messi, que dejó para la posteridad otro tanto monumental, falló un penalti que pudo cambiar la historia de la eliminatoria. Foto: Yoan Valat / EFE

Se le pedía al Barça en París volver a casa sin rasguños y regresó agrandado pese a ser eliminado, al quedar empatado con el PSG 1-1. Paris Saint-Germain clasificó a los cuartos de final de la Champions League con global de 5-2. La versión azulgrana, alejadísima de la que se vio en el partido de ida, describió a un equipo valiente, con personalidad y con capacidad de gobernar a un rival poderoso que pasó un mal rato pensándose que todo lo tenía hecho, aculado y por momentos con miedo en el cuerpo. Crece el equipo de Koeman, vivo en la Liga, finalista en la Copa y capaz de abandonar Europa con cierta clase, sin recuperar el prestigio perdido pero como diciendo: ahí queda eso, volveremos.

Le faltó al Barça alta definición para decantar el partido a su favor, una carencia recurrente esta temporada que revuelve a Koeman en el banquillo. Dembélé tuvo más ocasiones de gol que todo el PSG junto; Messi, que dejó para la posteridad otro tanto monumental, falló un penalti que pudo cambiar la historia de la eliminatoria (los visitantes se hubieran adelantado 1-2 antes del descanso); y Griezmann (ay Griezmann) fue un delantero sin pimienta, honradísimo en el trabajo pero en su línea habitual. Aviso: pregunta altamente demagógica: ¿qué hubiera pasado con Haaland en las filas azulgrana?

La primera parte fue una locura. Imposible explicar todo lo que sucedió en una sola crónica. El partido contuvo varios. Empecemos por la táctica. Koeman puede ser acusado de cualquier cosa menos de no toquetear su pizarra. Ya solo le falta darle la vuelta al artefacto y encontrar un tesoro en un doble fondo secreto. Con Piqué y Araújo, sus dos mejores centrales, en Barcelona, el técnico holandés se sintió más cruyffista que nunca y rescató un dibujo que pareció una bienvenida a Laporta, presidente cruyffista por excelencia. Resumiendo: la puesta en escena fue un 3-4-3 con De Jong iniciando el juego como hombre más retrasado, un futbolista procedente del Ajax que entiende esas apuestas como una obligación moral. ‘Hemos perdido 1-4, vayamos a por ellos’. De perdidos al río.

El Barça empezó muy bien. Gobernando en territorio enemigo, la única manera de afrontar la enésima ‘remuntada’. Los cuatro primeros acercamientos serios los protagonizó un hiperactivo Dembélé, definitivamente ganado para la causa azulgrana. En el primero dejó a Kurzawa, una pesadilla en la ida, con tarjeta amarilla. En el segundo se topó con Navas. En el tercero, culminando un magnífico contragolpe, lanzó muy alto cuando lo tenía sencillo para meterla entre palos. Y en el cuarto, el portero costarricense le sacó una mano de mucho mérito. Mbappé, vigilado por Mingueza (menudo desafío, en el minuto 25 el canterano ya vio amarilla, y en el 34, fue sustituido sin sentimentalismo alguno por Koeman), monopolizaba las respuestas en solitario de un PSG encogido.

El Barça continuó con su carrusel de ocasiones (Dest remplazó a Dembéle un rato y envió un balón al palo, Messi estuvo a punto de llegar a un pase de Dembélé en el corazón del área…) hasta que el VAR dijo basta para dar entrada a un clásico de nuestros tiempos: penalti absurdo de Lenglet por pisar a Icardi. La pena máxima la trasformó Mbappé, sin duda el hombre de la eliminatoria con cuatro goles. Un incordio continuo el francés.

¿Se rindió el Barça? Pues no. Este Barça no. De hecho, su respuesta fue tan brutal que antes del descanso estuvo cerca de hacer creer que la misión pasaba de imposible a posible. Dembéle tuvo otra (esta frase puede ser leída en cualquier minuto) y Messi logró un golazo impresionante: su disparo lejano resonó en las vacías gradas del Parque de los Príncipes. Este no la paró Navas. Ningún portero en el mundo lo hubiera hecho. El arreón azulgrana culminó con un penalti a favor (Kurzawa hizo plancha a Griezmann) que Messi tiró por el centro. Navas envió la pelota al larguero con los pies. El VAR debió repetir el lanzamiento ya que Verratti permaneció en el momento del disparo en el interior de la media luna. No lo hizo.

El Barça lo siguió intentando tras el descanso (Messi y Busquets dispusieron de opciones muy claras) pero las fuerzas no eran las mismas y la fe, tampoco. El PSG se entregó a un ejercicio eminentemente defensivo achicando balones y recurriendo al contragolpe como única baza ofensiva. Los minutos tuvieron sustancia pese a todo. Le fueron bien a jugadores como De Jong, impresionante como último hombre, Pedri, fabuloso el adolescente en un escenario grande, e incluso a Junior Firpo, elegido para sustituir a Mingueza y peleón y orgulloso ante Mbappé, al que incluso llegó a sacar de quicio. También Ilaix Moriba, que salió un buen rato, recordará el día.

La historia dirá que hacía 16 años que en los cuartos de final de la Champions no estaban simultáneamente Cristiano Ronaldo y Leo Messi. Los dos han sido apeados en octavos. El reinado languidece, se dirá. La edad no perdona, el paso del tiempo no contempla indultos ni siquiera con quienes fueron dioses, semidioses en el caso del portugués, se añadirá. Pero Messi, pese a fallar el penalti, se fue de parís dejando huella. Habrá que ver en qué equipo lo intenta el año que viene. Si en este Barça esperanzador o en el millonario y también ascendente PSG. Al acabar, yendo hacia los vestuarios, el argentino se abrazó con Di María y Pochettino.

(Tomado de La Vanguardia)

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