
El avance en odontología sin perder la cercania con el vecino
Redacción
P: En un momento en el que muchas clínicas cierran, cambian de manos o de profesionales, ¿Qué valor tiene para un paciente saber que detrás hay un proyecto que lleva más de 40 años en el mismo barrio?
Creo que aporta algo cada vez más importante: confianza y continuidad. Cuando una persona inicia un tratamiento, sobre todo si va a durar meses o años, no solo quiere saber qué se le va a hacer, sino también quién va a estar detrás y quién va a responder después.
En nuestro caso hay pacientes que llevan décadas viniendo y familias en las que hemos atendido a varias generaciones. Eso crea una relación diferente, porque sabes que el vínculo no termina cuando acaba un tratamiento.
Además, para mí Orcasitas no es simplemente el lugar donde están las clínicas. Nací, crecí y sigo viviendo aquí en el barrio. De pequeño muchas tardes salía del colegio y venía a nuestra clínica a hacer los deberes mientras mi padre y mi madre trabajaban en ella. Con los años he acabado viendo desde el otro lado una realidad con la que prácticamente he crecido.
P: Tú has elegido desarrollar tu carrera como especialista precisamente en Orcasitas. ¿Se ejerce de otra manera cuando muchos de tus pacientes son también vecinos o familias que conoces desde hace años?
Creo que inevitablemente sí. El criterio profesional tiene que ser exactamente el mismo para todo el mundo, pero cuando conoces el entorno y muchas veces también a las personas, existe una responsabilidad añadida.

Me hace mucha ilusión tratar con pacientes que me han visto crecer, antiguos compañeros de colegio o niños que hoy viven experiencias parecidas a las que viví yo. También por eso para nosotros es importante seguir vinculados al barrio, por ejemplo, apoyando como patrocinadores a la Agrupación Deportiva Orcasitas, donde yo mismo jugué de pequeño.
Trabajar aquí te recuerda constantemente que detrás de cada caso hay personas que seguirán formando parte de tu entorno. Y creo que eso ayuda a trabajar no solo pensando en resolver un tratamiento, sino en hacer las cosas bien a largo plazo.
P: Cuando un paciente llega con un problema dental, ¿qué ventaja tiene poder abordarlo desde distintas especialidades dentro del mismo equipo?

La odontología actual es mucho más compleja de lo que a veces parece desde fuera. Hay casos que llegan por un problema concreto y, al estudiarlos bien, necesitan que intervengan distintas áreas.
Por eso para nosotros es esencial contar con especialistas de ortodoncia, implantología, periodoncia, cirugía, estética o tratamiento conservador y, sobre todo, que puedan valorar juntos cada caso.
No se trata simplemente de ofrecer muchas especialidades, sino de coordinarlas. Una boca funciona como un conjunto y muchas veces el mejor resultado depende de que las decisiones no se tomen de forma aislada. Para el paciente también supone comodidad y tranquilidad saber que hay un equipo que conoce su caso y puede acompañarlo durante todo el proceso.
P: La odontología está cambiando rápidamente con la digitalización, los escáneres, la planificación en tres dimensiones o los nuevos sistemas de ortodoncia. ¿Cómo decidís qué avances merece realmente la pena incorporar?
Hoy tenemos herramientas muy potentes que nos permiten diagnosticar con más información, planificar determinados tratamientos con mayor precisión, enseñar al paciente lo que estamos viendo o hacer algunos procedimientos más cómodos y predecibles.
En ortodoncia, que es mi especialidad, la evolución de los últimos años ha sido enorme. Pero también creo que existe el riesgo de confundir tener mucha tecnología con hacer buena odontología. Un escáner, un software o un nuevo sistema de tratamiento son herramientas. Lo verdaderamente importante sigue siendo quién interpreta esa información, cómo se hace el diagnóstico y qué decisiones se toman después.
Por eso intentamos incorporar aquello que realmente nos permite trabajar mejor, no simplemente aquello que es más nuevo. La innovación tiene que ir siempre acompañada de formación y criterio clínico.
P: Ahora que estás al frente de una nueva etapa de las clínicas, ¿qué quieres conservar de lo construido durante estos más de 40 años y qué te gustaría transformar en los próximos años?
Antes de asumir esa responsabilidad para mí era importante construir una formación sólida y desarrollar mi propio criterio profesional. Después de estudiar Odontología dediqué cuatro años más a especializarme en ortodoncia mediante dos másteres y también me formé en la universidad de Alberta en Canadá, con la idea de poder volver después y aplicar aquí todo ese aprendizaje.
Además, tengo la suerte de que mi padre sigue a la cabeza de la dirección junto conmigo. Poder aprender de alguien que lleva más de 40 años ejerciendo y conoce profundamente el proyecto es una ventaja enorme.
Mi intención es seguir haciendo crecer las clínicas desde el punto de vista profesional: seguir incorporando tecnología cuando aporte valor, seguir aumentando el nivel de especialización, mejorar la coordinación entre profesionales y cuidar cada vez más la experiencia del paciente.
La odontología dentro de diez o veinte años será seguramente muy distinta, y tenemos que estar preparados para evolucionar. Pero me gustaría que, aunque cambie mucho la forma de diagnosticar o tratar, sigamos siendo reconocibles: un equipo estable, cercano, con criterio y comprometido con hacer las cosas bien.

















