Redacción Chile

En noviembre de 2018, De Frente conversó con el diputado humanista en torno a diversas temáticas. En esa entrevista pudo explayarse sobre la figura de Silo y el siloísmo en tanto filosofía y práctica.

-Tomás, ¿quién fue Silo? ¿Cómo lo conociste?

Silo tiene muchas facetas. En primer lugar, es un maestro, un guía, un pensador. Es un revolucionario que hizo una propuesta profunda, compleja y estructural de transformación personal y social. Era un escritor y un gran amigo. Una persona muy entretenida con quien conversar. Podías estar hablando diez, doce, veinte horas y fascinarte, vivir las historias y anécdotas compartiendo su modo de ver las cosas. Él tenía un modo de mirar el mundo,  observando lo que habitualmente otros no ven, estableciendo relaciones, atendiendo a los procesos. Era un Maestro y al mismo tiempo también tuvimos una muy cercana y profunda amistad.

Lo conocí, primero, por sus escritos. Lo primero que leí de él fue el “Manual del Poder Joven”, que era un libro que planteaba una revolución y que hablaba de las visiones del anarquismo. De hecho, era un libro rojinegro su tapa, y que de algún modo planteaba el socialismo libertario.  Después, me encontré con un segundo libro de él, que se llamaba “La Mirada Interna”, que -por el contrario- planteaba todo el proceso de transformación personal, al que puede acceder quien va en busca del sentido de la vida. Y de alguna manera, plantear los temas fundamentales que tienen que ver con la superación del temor a la muerte. Dotar la vida de un sentido que va más allá de la muerte. Entonces, para mí el Siloismo fue eso desde un comienzo, una propuesta de transformación personal y social simultánea. Y yo que partí a los 13, 14 años en búsquedas y me metí a grupos místicos, espirituales, políticos y de todo tipo, siempre me faltaba algún aspecto. Y aquí me encontré, a fines de 1972, con que la propuesta era la transformación personal y social simultánea. Eso me resonó muchísimo. Personalmente, a él lo conocí en septiembre de 1978, días antes de un encuentro mundial que se desarrolló en las Islas Canarias, a la que fuimos un grupo muy grande de chilenos; fuimos 60 personas de acá. Llegué mucho antes que los demás. Una noche, pasando por delante de un café, paso y descubro que estaba él sentado de espaldas conversando concentradamente con una amiga. Yo tenía muchas ganas de conocerlo, estaba con mi pareja, nos sentamos en una mesa pero no queríamos interrumpirlo. Y nos quedamos ahí, esperándolo como desde la 1 de la mañana hasta las 4 de la mañana que cerraron el café. Y ahí se paró, lo saludamos y nos conocimos.

-Lo conociste en un bar…

Para ser precisos, en un café. No fue un bar, porque él no tomaba.

-A partir de las definiciones que uno encuentra en textos como “Siloísmo”, la propuesta política de Silo se acerca sin tapujos al socialismo libertario, proponiendo incluso, el vacío político como principal herramienta de lucha pacífica. ¿Qué incidió en que Silo respaldara la creación de un partido político? ¿Cómo se conjuga esta idea de vacío político con la participación política formal?

La arenga fundamental del siloismo fue hecha en 1969, el 4 de mayo, en Punta de Vacas. En esa arenga, entre otras cosas, Silo plantea que no hay partido político que pueda sacarnos de la situación de violencia que está viviendo el ser humano. Y que se hace necesario un nuevo modo de organización, nuevos modos de acción y de transformación personal y social. Con el paso de los años, se nos hizo evidente que requeríamos unos modos de organizarnos, pero no institucionalizarnos, sino instituir modelos nuevos. Y te hago la diferencia entre las dos palabritas, que ahora se ha puesto más de moda. Instituir nuevos modos de organizarnos y de actuar en el medio. Y así, empezamos a organizar distintas estructuras humanas en distintos lugares del planeta, y formamos lo que se llamó el Movimiento Humanista. Tuvo también el nombre de Comunidad para el Desarrollo Humano, el cual era el nombre legal para poder actuar en el marco del Movimiento Humanista o Siloista. Y eso lo organizamos a partir del año ’77, más o menos.

A comienzos de los años 70, se decidió probar entre estas distintas formas de organización, también a formar partidos políticos con concepciones totalmente diferentes, en que la dinámica fuera generacional, en que se plantearan formas muy horizontales de participación y de trabajo. En Argentina se forma el partido que se llamaba –no recuerdo bien- algo así como el “Frente Unido por la Juventud”, que se planteaba como un partido antisistema, muy contestatario, muy irreverente. Y tal cual como dice el nombre, aunque no sea ese, se planteaba netamente en términos generacionales, en confrontación con lo que llamábamos el Sistema y la gerontocracia que estaba instalada en el poder. Duró bastante poco, fue bien reprimido en Argentina. Fue rápidamente apresada la gente y puestos fuera de la ley. A mediados de los ochenta, con la situación de dictaduras en Latinoamérica, se nos hizo evidente que necesitábamos un instrumento, una herramienta que nos permitiera luchar políticamente también contra la dictadura para la recuperación de esa democracia. Que no bastaba simplemente con movimientos de base o movimientos sociales. Y ahí, decidimos formar simultáneamente el Partido Humanista en muchos países, y no sólo en América Latina.

-¿En qué año fue?

El proceso fue así: El ’82 tomamos la decisión de ponerlo en marcha. El ’83 hicimos una consulta en aproximadamente 60 países, en la cual le preguntamos a cientos de miles de personas sobre las características que debía tener un partido político, las que nosotros teníamos, y la contrastábamos con la que tenía la gente. Por ejemplo, poníamos que uno de los temas centrales era la recuperación de la tierra como algo fundamental para los que la trabajan. La desnuclearización, el desarme total, una serie de tema que para nosotros eran relevantes y que los íbamos consultando. El final de la pena de muerte, por ejemplo.

-¿Esta consulta fue dentro de la estructura del movimiento?

No, fue totalmente hacia afuera. En Chile, hicimos 15.000 o 20.000. En Argentina, otras 20.000, en Perú unas 5.000; la hicimos en muchos países. Procesamos esa información, y fuimos buscando el modo de organizarnos. Y ya el año ’83, le fuimos dando forma a este asunto. Ese año formamos el Partido Humanista en alrededor de 40 países. Pero con la creación del partido, no modificamos ni una letra de lo que era nuestra visión de la sociedad. Creíamos que el Estado no iba a resolver las cosas, por el contrario. Creíamos que hay que llevar toda nuestra acción, en términos de ir disminuyendo al máximo ese poder del Estado, en contraposición a la mirada que de alguna manera estaba fuertemente propiciado por el mundo marxista; nuestra visión era totalmente distinta. Desde un principio, nos metimos muy fuerte en el mundo cooperativo, sistema autogestivo, sistema de propiedad y responsabilidad de los trabajadores, de formas de organización horizontal lo más blandas y livianas posibles. Y la concepción de un Estado, más bien como coordinador, más que un Estado centralizador y concentrador de poder.

-¿Qué entendía Silo por espiritualidad? Cuando distingue por una revolución social, política, espiritual. ¿Qué es lo propiamente espiritual del siloísmo?

Una de las cosas bonitas e interesantes que mantenemos hasta hoy en día, es que consideramos que lo referido a las definiciones de espiritualidad, son de libre interpretación. Es decir, que tú no puedes imponer una interpretación de lo que es la espiritualidad, entendiendo la espiritualidad como un sentimiento. Podemos decir que es una búsqueda, un modo de emplazarse en el mundo, que es experimentar que la vida es más que aquello que el mundo de lo material, de lo tangible. Pero cómo experimenta cada uno eso, creemos que es imposible dar una definición. ¿Qué es para cada uno esa espiritualidad? Creemos que tiene poca importancia. Lo importante, es si tú y yo, experimentamos que hay una espiritualidad, y entendemos que yo tampoco puedo definirla ni imponerla, entonces nos podemos entender. En el momento en que yo empiezo a ponerle definiciones a esa espiritualidad, y la voy transformando en religiosidad, nos encontramos con un problema. Y entonces, aquello que nos podría haber vinculado, termina siendo un elemento que nos separa.

Desde ese punto de vista, nosotros siempre fuimos prescindentes en materia de religiosidad o no, de cualquier persona que participara en el siloísmo. Aquí siempre compartimos ateos y creyentes. Así que de la espiritualidad, decimos que tiene que ver con una cierta búsqueda o intención humana, que va más allá de lo fáctico y de lo tangible, que lo pone en presencia de preguntas fundamentales. Que lo pone en presencia de preguntas que tienen que ver con el sentido de la vida, con la muerte y con la trascendencia, como cada uno la entienda o no la entienda.

-¿A qué se refería Silo al decir que todo avance verdadero de la humanidad, está impulsado por una rebelión contra la muerte?

Hay distintas teorías sobre el motor de la historia. Desde nuestra mirada, si uno revisa el proceso humano, descubre que es impulsado permanentemente, en todo avance, en toda búsqueda o nueva respuesta, en la superación de la muerte. Y que eso, siempre lo ha estado impulsando desde la agricultura más básica, en los primeros tiempos, hasta en sus guerras por tratar de expandir sus territorios, pasando por todo lo que es la ciencia, la tecnología, los avances médicos, etc. También en las búsquedas de nueva organización social.

Si miras más allá de eso, lo que busca ese ser humano es superar aquel límite fáctico, aparentemente irresoluble que es la muerte. En la medida de que tú creas que ese es un hecho indefectible, con el que todo termina, y si eres coherente con esa creencia, la vida no tiene ningún sentido. Desde el momento en que empiezas a descubrir, comprender, experimentar que hay algo que se proyecta más allá, es posible que puedas proyectar un sentido de vida. Y cuando decimos qué es lo que se proyecta más allá, libre interpretación, porque no lo hemos vivido. Nosotros decimos que el problema fundamental del ser humano  es el problema de la muerte. Y que ése es el mayor generador de sufrimiento humano, aunque se representa como sufrimiento a la soledad, a la enfermedad, a la vejez. Pero lo que en definitiva está siempre presente es la fuga de la mirada sobre ese hecho inevitable que es la muerte.

-Silo indicó que los seres humanos tendemos a la fuga y que ésta podría ser tanto individual como social. ¿Cuáles serían las formas de fuga del presente?

La fuga tiene que ver básicamente con no querer ver. Por lo tanto, no hacerme cargo, no responder a lo que son las reales dificultades con las que me tengo que enfrentar. Una de las fugas más importantes tiene que ver con la posesión de objetos. Es decir, en la medida que poseo, me fugo del problema fundamental que es que voy a desaparecer. Así que, todas estas cosas que voy acumulando y coleccionando, es el reino de lo secundario. En definitiva, es el sinsentido. Porque paso de un autito a un autazo, y me voy a morir. Entonces, tú le dices a ese señor que se va a morir, él te dice “estoy juntando para el siguiente auto”. La fuga es querer desviar la mirada, y es no sólo individual, sino que también social. Los pueblos se fugan. Yo estuve en Israel, y se vive espectacular, es un país fascinante. Pero se fugan de ver una contradicción que tienen ahí mismo, que está a 40 kilómetros de Tel Aviv. Como conjunto, como pueblo tienen al lado Gaza y no lo quieren ver. Eso es la fuga, no ver aquello. Por tanto, la fuga es individual y también es social. Y eso lo compensan mediante la posesión. Yo diría que la fuga es hija del temor. Temor a la muerte, a la enfermedad. Y prefiero no saber que me voy a morir, por no tener temor. Temor a la muerte, a la pobreza, a la soledad, al más débil, a la crítica, a los juicios.

-¿Qué entiende Silo y el siloismo por el poder? ¿Qué es el poder? ¿Cómo se ejerce el poder? ¿Qué es el poder? ¿Es una cosa? ¿Una relación?

El poder es básicamente violencia. Desde nuestra mirada, el ser humano es por definición -libertad. Lo que define al ser humano es la capacidad de transformar el medio y de transformarse a sí mismo. Si hay algo que lo define, es esa capacidad por transformar el medio y la naturaleza. Es la libertad entre condiciones, pero es la libertad para tomar un camino u otro lo que lo define como humano. Cualquier acción que impide o limita la libertad es un acto que va en contra de lo humano. Lo que caracteriza al ser humano es la intención transformadora, la capacidad transformadora, la intención. Por lo tanto cualquier acto que impide la intención transformadora del ser humano, es un acto violento. Y si nosotros ubicamos al ser humano como preocupación y valor central, bueno, luchamos contra cualquier acto que genere violencia contra el ser humano. El poder, hoy en día, es una de las formas más vistosas de impedir la intención humana. Por eso decimos que el poder es, básicamente, violencia. Es su esencia.

-¿Y el Estado, ya que estamos hablando de poder?

El Estado es una expresión burda y de bastante poco vuelo, creada hace bastante poco por lo demás, en la cual se concentra ese poder. Nuestra impresión es que este Estado que existe hace poco, también va a desaparecer. Creemos que dentro del proceso humano, es una más de la búsqueda de organización humana. Por eso decimos: mientras haya Estado, hay que ver cómo se lo convierte en un ente coordinador y no concentrador de poder.

-¿Cuál es la crítica de Silo al capital? ¿Y en qué se diferencia o aporta a la crítica marxista, al capital y al capitalismo?

Hay que diferenciar el capital en dos capitales. El capital productivo y el capital especulativo. Cuando se lo planteábamos a los marxistas en los años ’80, se irritaban mucho. Hasta que años después nos encontramos con unos pocos que estuvieron de acuerdo. Desde nuestro punto de vista, el capital productivo es un factor importante en el desarrollo humano, en conjunto con el trabajo. El capital especulativo está de más. El problema es que, hoy día, lo que sucede en realidad es que el capital productivo en vez de reinvertirse y generar nuevo capital productivo (acrecentando así las fuentes de trabajo y las posibilidades de mejoramiento de la población), se traslada hacia el sector especulativo. De hecho nosotros planteamos la existencia de la banca, pero de una banca sin interés y solo con una rentabilidad por sus servicios de administración, como puede tener cualquier empresa.

Segunda cuestión, nosotros sí creemos que el capital productivo permite el desarrollo. Pero que ese capital productivo tiene que manejarse de acuerdo a determinadas condiciones. Una condición, es que tiene que reinvertirse en la propia empresa. En segundo lugar, creemos que el capital productivo debe compartir la propiedad, la administración y la ganancia con el trabajo. Es decir, nosotros creemos que debe haber una relación paritaria entre capital y trabajo, en términos de propiedad, administración y ganancia de la empresa. Porque quien corre el riesgo no es el capital, sino que es el trabajo. A través del tiempo, se van equilibrando estos dos riesgos, el riesgo del capital con el riesgo del trabajo. Pero no nos cabe duda, que a medida que pasa el tiempo, el riesgo del trabajo aumenta, porque la persona que lleva más años invertidos en esa empresa con su trabajo, tiene más riesgo de ir perdiendo ese trabajo. Mientras el capital, al comienzo tiene un riesgo muy alto, pero con el tiempo ha recuperado su inversión inicial.

Ahora, respecto a otras diferencias con el marxismo, nosotros no creemos que el motor de la historia sea la lucha de clases. Desde nuestra mirada, lo que mueve la historia y genera la historia, es la lucha generacional, que es una visión completamente diferente de cómo se va moviendo la historia. Nuestra mirada es que cada generación va imponiendo un paisaje social, en lucha con la vieja generación que busca mantener su propio paisaje social. Esa dinámica es la que va moviendo la historia, en que cada generación va buscando imponer un nuevo paisaje. Frente a eso, observamos que cada nueva generación tiene su astucia para ir incorporando nuevos elementos, pero también tiene su trampa. Y la trampa que tiene, es que cuando llega a la situación de imponer su paisaje social, éste ya está obsoleto porque corresponde a su propio paisaje de formación, 30 años antes. Por lo tanto, al momento en que llega a la instancia de poder o donde sea, ya está obsoleto. Esa dinámica generacional es la que podemos observar permanentemente, que ya la menciona muy bien Ortega y Gasset en realidad.

Por cierto, con la metodología de la acción, tenemos una diferencia importante con otros. Creemos que los procesos deben ser revolucionarios, pero sin que eso implique violencia. La vinculación de revolución y violencia, es una vinculación muy tramposa. Desde ese punto de vista, nos sentimos muy cercanos a algunos marxistas que reflexionaron sobre este punto. Algunos pocos conocidos como Petrovic, quien hace un estudio muy bueno e interesante que se llama “Humanismo y Revolución”, en los que reflexiona el año ’71 sobre si es posible un humanismo sin revolución, y llega a la conclusión de que no es posible. Y luego reflexiona si es posible una revolución sin humanismo, y llega a la conclusión de que no es posible. Él es un marxista de toda la vida. Y finalmente entonces plantea que sólo es posible una revolución humanista, que es un humanismo revolucionario. Esa visión, tomada desde un marxista, coincide mucho con la visión que hemos tenido nosotros. Más que entrar en una dialéctica con el marxismo, nosotros creemos que puede haber una continuidad, o lo que llamamos transferencia desde el marxismo hacia lo que es el humanismo universalista.