La mayoría de las personas nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida a algún evento traumático que nos va a dejar una profunda huella en nuestra psique, cambiando en parte, la percepción que se tiene del mundo. Para que un suceso se considere traumático, la persona que lo sufre ha tenido que experimentar, presenciar o recibir información de una o más situaciones relacionadas con la muerte, con amenazas hacia su propia integridad física o hacia las demás o lesiones graves por accidentes o peleas.

Debemos saber diferenciar el evento traumático psicológico, que es el que acabamos de definir en el párrafo anterior, con el concepto de trauma físico relacionado con una herida o avería que sufre el cuerpo y que, en ocasiones, puede tener un efecto directo sobre la mente, causando un evento traumático. El trauma físico deriva de una lesión física producida por un agente externo, a diferencia del golpe emocional que genera un perjuicio de forma permanente o persistente en el inconsciente.

Un evento traumático suele acarrear secuelas psicológicas de mayor o menor gravedad, desde la depresión y la angustia hasta intentos de suicidio en los casos más extremos.

Tratamientos eficaces para contrarrestar los efectos de los eventos traumáticos

Hay un acuerdo generalizado entre los expertos y avalado por numerosos experimentos para afirmar que el tratamiento más eficaz para tratar los trastornos por estrés postraumático es la terapia de exposición.

Este es el proceso más utilizado enmarcado en la terapia cognitivo conductual, que consiste en la modificación de los estímulos del paciente que producen angustia o temor. El paciente se someterá a contacto sistemático y de forma segura con los estímulos que producen el desencadenamiento de la ansiedad, el miedo o cualquier otra sensación negativa, en definitiva, quedará expuesto a aquella situación que le genera el conflicto psicológico.

Gracias a esta técnica se comienzan a establecer nuevos aprendizajes que irán debilitando progresivamente las asociaciones que les causa el temor o el conflicto, abriéndose a nuevas oportunidades de crear actuaciones y descartando el miedo establecido inicialmente.

Entre las Alternativas terapéuticas ante eventos traumáticos que se utilizan para llevar a cabo esta técnica, cabe destacar la terapia conductual enfocada al trauma y la muy eficaz Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR). Si estás interesado en esta alternativa para contrarrestar los efectos de algún evento traumático, entra en el enlace sugerido para saber en profundidad qué es el EMDR y cuál es el origen del EMDR y por qué está considerada como la alternativa terapéutica estrella ante los eventos traumáticos.

Debemos saber que el miedo es una reacción emocional, completamente natural, considerado como fundamental para la supervivencia del ser humano, ya que su función principal es la de avisarnos con antelación y librarnos de posibles amenazas y peligros.

Es lógico reconocer que la lucha contra este estímulo va en contra de nuestro propio condicionamiento genético, por lo tanto, solo los deberemos de afrontar cuando estemos completamente seguros de que hay una razón que lo justifique.

Es por esto la enorme importancia que debe tener un cambio de objetivo, ese que nos lleva a la estrategia de aceptar el sufrimiento como terapia, ya que hay un buen motivo para ello, la sanación de un trauma. Debemos convertir el sufrimiento en un hecho con sentido y aceptado, con el objetivo de que la recuperación del paciente sea mucho menos costosa por estar motivado a enfrentarla y llevarla a cabo.

Los expertos consideran el protocolo de tratamiento del trauma propuesto por Gallo, en 2016, como ejercicio básico para abordar la terapia de aceptación y compromiso con éxito, pues marca los objetivos de los procesos psicológicos fundamentales.

Estos objetivos son los siguientes; atención flexible al desarrollar la conciencia de aceptar los comportamientos cuando estos tienen lugar para poder ofrecer una respuesta lógica a la realidad y no al temor del hecho que se considera traumático, el yo como contexto que se da cuando se desarrolla la capacidad de la plena consciencia de que somos algo más que los sentimientos, pensamientos y experiencias emocionales; la idea es experimentar una identidad que trascienda al trauma y a sus consecuencias.

También se tiene en cuenta la habilidad de identificar los diferentes valores que se ven afectados por el trauma, la defusión como capacidad de observación del pensamiento y los sentimientos para crear distancia entre ellos, la aceptación para poder experimentar el pensamiento y demás sensaciones asociadas al trauma, sin pretender evitarlos, y por último la capacidad de actuar guiados por los valores de pensamientos, sensaciones, emociones y sentimientos asociados al trauma.