Puertos seguros: las ciudades desafían a la Unión Europea al dar la bienvenida a los inmigrantes

Con la UE estancada en la recepción de inmigrantes, el movimiento alemán de Seebrücke ofrece un modelo para evitarlo.

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Por Helge Schwiertz y Felix Keß para openDemocracy

Este fin de semana, miles de personas protestaron en Berlín y muchas otras ciudades alemanas incluyendo a Nuremberg y Colonia, para protestar por un proyecto de ley propuesto por el ministro del interior, Horst Seehofer, que endurecería las leyes de asilo y deportación del país y criminalizaría el activismo a favor de los inmigrantes.

Esta no es la primera protesta de este tipo. Durante los últimos meses, se han dado muchas demostraciones organizadas acerca de las políticas de migración a través de Alemania. Entre Julio y Septiembre del año pasado, miles de personas vestidas de anaranjado, muchas usando chalecos salvavidas, se tomaron las calles para protestar contra la creciente represión de los inmigrantes que intentan cruzar el Mediterráneo y de las organizaciones de la sociedad civil que les ayudan.

Las demostraciones se conducen a través de un nuevo movimiento, llamado Seebrücke (palabra en alemán que significa muelle o literalmente “puente del mar”), el cual se formó en respuesta al creciente número de muertes de migrantes en el Mediterráneo y la criminalización de operaciones de rescate no gubernamentales. Algunas de las demandas del movimiento son que los gobiernos europeos retomen las misiones de rescate, y que ofrezcan rutas de escape legales y seguras para que los refugiados puedan ejercer su derecho de buscar asilo. El movimiento ha solicitado a las autoridades municipales a que se declare un puerto seguro para los refugiados como muestra de solidaridad.

El movimiento Seebrücke llega en un momento en el cual los gobiernos europeos están incumpliendo sus compromisos anteriores con las operaciones de rescate marítimo. La operación italiana de rescate marítimo Mare Nostrum se puso en marcha en octubre del 2013, después de que al menos 360 migrantes murieron cuando un barco que viajaba de Libia se hundió frente a las costas de la isla italiana de Lampedusa. Sin embargo, solo un año después, esta operación fue reemplazada por la operación Tritón, liderada por la Unión Europea, cuyo cometido estaba más enfocado en control de fronteras que en rescate marítimo. Esta operación, dirigida por la Agencia Europea de Fronteras (Frontex), se complementó con la operación militar Sophia en 2015, cuyo objetivo es combatir las redes de contrabando. Según el Centro de Criminología de la Universidad de Oxford, la priorización de las operaciones de lucha contra el contrabando por encima de la búsqueda y el rescate condujo a un aumento de la tasa de mortalidad en el Mediterráneo.

En respuesta a este abandono de responsabilidad, se han puesto en marcha numerosas iniciativas no gubernamentales de rescate marítimo. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, SOS Mediterranée y Sea-Watch han construido una flota de “humanitarios en las fronteras“, que operan barcos para ayudar a las personas que se encuentran en situaciones de peligro en el mar.

El actual régimen fronterizo europeo en el Mediterráneo se caracteriza por un nexo de control migratorio militarizado y operaciones de rescate humanitario. La relación entre estas dos razones ha cambiado drásticamente de acuerdo con la situación política. A mediados de 2018, los conflictos sobre el rescate marítimo y la acogida de refugiados en la Unión Europea se intensificaron de forma inesperada, con el recién elegido gobierno de derechas italiano a la cabeza de la política antiinmigrante.

Tanto la Operación Sophia, como la operación militar de la Unión Europea contra el contrabando, y los barcos de rescate de las ONG como Aquarius y Lifeline, se han visto obstaculizados por la negativa de las autoridades italianas a permitir el desembarco de los inmigrantes. Aunque se puede hablar de un aumento del nacionalismo en toda Europa, con otros países que impulsan políticas anti-inmigrantes y que también niegan su responsabilidad en la recepción de refugiados, Italia tiene un papel crucial como principal país de entrada a la UE a través de la ruta del Mediterráneo central.

Control y rescate en el Mar Mediterráneo

El punto muerto en el que se encuentra la Operación Sophia arroja luz sobre la forma en que las políticas de la UE se quedan cortas. En marzo, Sophia fue prorrogada por un año, sin embargo, ya no se le permite desplegar buques, lo que la convierte en una operación naval sin barcos. Lejos de ser una solución sostenible, Sophia y Triton -a pesar de su participación de hecho en el rescate marítimo- son parte del problema. Ambas operaciones fueron diseñadas para combatir a los contrabandistas, pero la efectividad de esta estrategia es cuestionable.

Para los inmigrantes, sin embargo, la operación militar ha hecho que el cruce del Mediterráneo sea aún más peligroso, algo de lo que los funcionarios de la Unión Europea son muy conscientes. Condujo a rutas más peligrosas para los migrantes que intentan eludir la frontera militarizada y, en cooperación con las fuerzas libias, a graves violaciones de los derechos humanos en el mar y en los centros de detención en tierra. Mientras tanto, las restrictivas regulaciones de visados y el régimen fronterizo de la Unión Europea, que en primer lugar obligan a los inmigrantes a tomar rutas tan peligrosas, rara vez se cuestionan.

Sin embargo, en la práctica, la Operación Sophia también funcionó como una misión de rescate. Aunque oficialmente asignados a la lucha contra el “contrabando de seres humanos”, alrededor de 49.000 personas han sido rescatadas. En los primeros años de la operación, todos ellos fueron llevados a tierra en Italia. Pero desde mediados de 2018, la Operación Sophia se ha visto obstaculizada por las autoridades italianas que cierran sus puertos a los barcos de rescate. Alemania retiró su participación en enero, acusando al comandante italiano responsable de la misión de enviar intencionadamente barcos a zonas en las que no hay gran flujo migratorio. Como resultado, sólo 106 refugiados han sido rescatados desde julio. Al mismo tiempo, otros gobiernos europeos se han abstenido en su mayoría de ofrecer.