

La intervención humana reinvierte la corriente de aconteciditos que parecían fluir inevitablemente hacia la desaparición o la extrema degradación de nuestro rio.
Imposible presagiar cuando era niño y recorría sus expolidas y degradas laderas, que décadas más tarde me encontraría asistiendo a esta exposición donde se celebra y muestra este intento , dicho en el mejor de los sentidos, de Humanización del rio.
¡El rio vive!
Presentación de BIOMADRID 2026.
En esá ocasión tuvimos la oportunidad de contar con las intervenciones de :
Pedro Molina (Grupo Paytmal Universida Autonoma Madrid)
Salvador Molla (Departamento de Ecologia,Universida Autonoma Madrid)
Paloma Alcorlo (Departamento de Ecologia,Universida Autonoma Madrid)
Enrique lara ( Real Jardin Botánico CSIC)
Pedro, Salva ,Paloma y Enrique, desgranaron mucho de lo que luego veremos en la muestra.



La idea central es clara y sorprendente: la vida microscópica sostiene la vida visible del río.
Todos reconocemos a la nutria, al martín pescador o al barbo, pero la exposición nos recuerda que estos animales dependen de organismos que casi nadie ha visto. Así lo cuentan los investigadores Carmen Casado y Salvador Mollá en Ecología Acuática de Madrid: «Estos organismos, poco conocidos para la mayoría, constituyen el alimento básico de las redes tróficas».
Lo invisible que sostiene lo visible: el plancton, las algas y los microorganismos son la base de todo. Sin ellos, no hay peces, ni aves, ni nutrias. La exposición nos invita a mirar el río con otros ojos: los de la lupa.


La cadena trófica del río Madrid: desde el organismo más pequeño hasta el gran depredador, la energía fluye en una cadena frágil y perfecta. Entenderla es entender por qué cada gota de agua limpia importa.

Biodiversidad cercana: la nutria, el martín pescador, el barbo o la garza real conviven con nosotros, pero su supervivencia depende de un mundo que no vemos. La muestra los presenta como la punta del iceberg de un ecosistema mucho más rico.

El río como ecosistema vivo: el Manzanares no es un canal, ni un decorado. Es un ser vivo que respira, que se limpia, que da cobijo. La exposición explica cómo funciona y por qué debemos cuidarlo.
Ciencia y ciudadanía: el trabajo de los investigadores se encuentra con la mirada del vecino. Conocer para querer, querer para proteger. Ese es el mensaje final: todos somos parte del río.
El río que fue, el río que es
Para entender esta exposición hay que mirar atrás. El Manzanares, el «aprendiz de río» como lo llamó Unamuno, fue durante siglos un arroyo humilde, de poco caudal, con sotos, islas y arenas. Los madrileños lo usaban para lavar, para bañarse, para pasear. Goya lo pintó en la Pradera de San Isidro.
Pero en el siglo XX, Madrid creció y el río fue domesticado. Se canalizó, se construyeron nueve presas en los años 40 para convertirlo en una sucesión de estanques, y acabó siendo un canal de cemento, sin vida, «pobre arteria esclerótica».
Todo cambió en 2016. El Ayuntamiento, a propuesta de Ecologistas en Acción, abrió las compuertas de las presas para devolverle al río su ritmo natural. Desde entonces, el agua corre, se forman islas de arena, crece la vegetación autóctona y han vuelto más de 50 especies de aves y peces que se creían perdidos.
Hoy el Manzanares vuelve a ser un río. Y esta exposición nos enseña lo que aún no vemos: la vida diminuta que lo hace posible.
El río artificial que parece natural: más de cuatro de cada cinco litros que bajan por el Manzanares aguas abajo de Madrid han pasado antes por una depuradora. El río que vemos es, en su mayor parte, agua que la ciudad ya ha usado. Esa es la razón de que sea el único curso de la región que no se seca en verano. Parece natural porque está perturbado.
El río late con la ciudad: aguas abajo de Madrid, el caudal sube y baja cada día siguiendo el horario de la ciudad. Máximo entre la una y las tres de la madrugada, mínimo hacia las once de la mañana, un 41 % por debajo. Son las duchas, las cisternas y las lavadoras de Madrid llegando al río unas horas más tarde. Antes de la ciudad, el caudal es prácticamente constante: en el tramo urbano, el río no late.
Las aves del corredor: en el Parque Lineal, la población reproductora de ruiseñor pasó de unos veintiún machos a unos diez en un solo año, después de que se eliminaran los zarzales tras una crecida. Allí vive también el martín pescador, en peligro de extinción.
El sedimento como archivo: cuando una ameba muere, la concha que se fabricó se queda en el lodo del fondo. El fondo del río guarda su propia memoria.
Del 17 al 27 de septiembre en Plaza Río 2. ¡No te lo pierdas!









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