Toque de queda en Bogotá: crece el malestar en Colombia

Mundo 23 de noviembre de 2019 Por Redacción
La huelga general consumada el pasado jueves ha derivado en una movilización masiva en contra del modelo liberal instalado en el país desde hace décadas, tal como sucede en Chile. El presidente Duque ha adelantado que iniciará un diálogo nacional con todos los sectores del arco político.
Fuente: EFE.

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La masiva marea resistente al modelo neoliberal que se extiende por Chile y Bolivia parece haber alcanzado las costas de Colombia. El país caribeño es una excepción latinoamericana: ni ha sido gobernado nunca por el progresismo, ni el modelo económico neoliberal se ha visto comprometido. Pero está empezando a cambiar y las masivas protestas ciudadanas del jueves representan un toque de atención no sólo para el Gobierno del cuestionado Iván Duque, sino también para los defensores de seguir aplicando el modelo capitalista liberal para resolver las desigualdades de un continente que socialmente aún está a medio construir. La crisis chilena ya es paradigma y ejemplo a seguir para parte de la clase media colombiana, especialmente para los globalizados jóvenes que no miran al pasado.

Según consigna La Vanguardia, el Gobierno temía que la huelga general del jueves se convirtiera en el detonante de una revuelta ciudadana al estilo chileno, después de que los sindicatos estudiantiles se sumaran a la convocatoria de las centrales obreras y de que las reivindicaciones se ampliaran a ámbitos no exclusivamente laborales. Y efectivamente, la protesta se volvió una queja general contra el modelo económico liberal y presentó elementos similares al movimiento callejero de Chile. Aunque los analistas no creen que, por el momento, se vaya a cronificar y establecer una movilización permanente, ayer ya se repitieron algunos disturbios y anoche había convocado por las redes sociales otro cacerolazo.

“¡El pueblo unido jamás será vencido!”. Los cacerolazos al estilo argentino no son habituales en Colombia, pero la noche del jueves se extendieron por las principales ciudades, especialmente en Bogotá, donde cientos de manifestantes se congregaron incluso frente a la vivienda particular de Duque en el barrio de Cedritos entonando el himno de Quilapayún, cuya letra vuela por el continente con la vigencia de su creación, poco antes del golpe contra Allende en Chile.

Otro grito del jueves en Cedritos fue más contemporáneo y explica mucho de la incipiente crisis colombiana: “¡Uribe, paraco, el pueblo está berraco!”. Donde “paraco” sería paramilitar y “berraco” equivaldría a valiente, aunque a estas alturas ya podríamos traducirlo como cabreado o indignado. El expresidente (2002-2010) Álvaro Uribe, cuya figura es tildada de ultraderechista desde la izquierda por las perennes acusaciones de vínculos con el paramilitarismo, es considerado el mentor de Duque, a pesar de que el mandatario ganó el año pasado las elecciones con el perfil menos conservador dentro de Centro Democrático, y de que ha propuesto una agenda social propia.

Sin embargo, Duque no ha podido ni ha querido soltar el lastre de Uribe, como en su día hizo su primer delfín, el expresidente (2010-2018) Juan Manuel Santos, igual de conservador en lo económico pero salvado por la izquierda gracias al proceso de paz que llevó al fin de las FARC. Tras poco más de un año en el poder, el índice de aprobación de Duque es del 26%, casi la mitad del porcentaje (54%) con que ganó en segunda vuelta las presidenciales.

Antes de los cacerolazos en su casa, en un discurso a la nación el mandatario intentó demostrar empatía con la población, que mayoritariamente se manifestó pacíficamente. “Hoy hablaron los colombianos y los estamos escuchando, el diálogo social ha sido la bandera principal de este gobierno, debemos profundizarlo con todos los sectores de esta sociedad”, afirmó Duque. “Los estudiantes, los trabajadores, los artistas y la gran mayoría de personas que se movilizaron lo hicieron con intención legítima de hacer sentir su voz y los escuchamos”, insistió.

Duque convocó ayer de urgencia un consejo de ministros para analizar la rebelión popular contra su gestión y las políticas liberales que los sindicatos denuncian que pretende llevar a cabo el Gobierno. “El paquetazo de Duque contiene las reformas laboral, pensional y tributaria, la privatización del aparato productivo del estado y del sector financiero estatal”, indicaba el comunicado unitario de las centrales obreras para convocar la huelga, entre otras reclamaciones laborales y sociales.

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