El grupo NSU estuvo detrás del asesinato de ocho inmigrantes turcos, uno griego y una policía alemana entre 2000 y 2007

MÚNICH, 11 Jul. (DPA/EP) –

Un tribunal de Múnich ha condenado este miércoles a cadena perpetua a Beate Zschaepe, la principal acusada en el macrojuicio a la célula neonazi NSU, considerada responsable de la serie de violencia ultraderechista más sangrienta en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial.

La sentencia que pone fin a un juicio que se ha prolongado durante más de cinco años considera a Zschaepe culpable del asesinato de ocho inmigrantes turcos, de uno griego y de una policía alemana entre los años 2000 y 2007. En Alemania, la pena de cadena perpetua se corresponde con una privación de la libertad por tiempo indeterminado, pero al menos durante 15 años.

La justicia también ha dictado una pena de cárcel de 10 años para Ralf W., acusado de conseguir armas para la el grupo Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU, por sus siglas en alemán), que la llamada “novia nazi” integraba junto a dos compañeros que se quitaron la vida en 2011, Uwe Mundlos y Uwe Boehnhardt.

Los otros tres encausados, André E., Carsten S. y Holger G., han sido condenados a penas que van desde los dos años y seis meses a los tres años de prisión.

El abogado de la acusada, Wolfgang Heer, ya ha anunciado que su clienta apelará el veredicto de culpabilidad y la sentencia. “La condena de Zschaepe por complicidad en los asesinatos y robos perpetrados por Boehnhardt y Mundlos no es justificable. Presentaremos una apelación contra el veredicto”, ha anunciado Heer. La apelación deberá ser atendida por el Tribunal Federal de Justicia en Karlsruhe, la máxima instancia judicial penal del país.

Durante el proceso en el que fueron llamados a declarar más de cien testigos, Zschaepe mantuvo silencio y tan solo declaró a través de una carta leída por sus abogados y en otras dos ocasiones en la fase final del juicio, en la que tomó la palabra para desvincularse de los delitos que se le imputaban.

Los llamados “asesinatos del Bósforo” o “asesinatos del kebab”, nombres con los que fue bautizada por la prensa esta trama ultraderechista que tenía en el punto de mira a ciudadanos de origen extranjero, causaron una gran conmoción en Alemania.

El caso, que comenzó a juzgarse en mayo de 2013, dejó al descubierto graves errores por parte de la Policía y los servicios de inteligencia germanos, que no tuvieron la mínima sospecha de una posible motivación racista y dirigieron las pesquisas hacia el entorno de las víctimas, indicando en un principio que eran ajustes de cuentas entre mafias extranjeras.

En el país llegó a hablarse de “desastre histórico sin precedentes” porque, entre otras cosas, se destruyeron documentos de relevancia antes de que concluyeran las investigaciones y se subestimó la amenaza que suponía la ultraderecha en Alemania.

En 2012, en una ceremonia de homenaje a las víctimas, la canciller alemana, Angela Merkel, pidió perdón a los familiares de los fallecidos y calificó los asesinatos de “una vergüenza para nuestro país”, a la que vez que recalcó que un episodio similar no podía volver a repetirse.

LA “NOVIA NAZI”

Descrita como simpática, sociable y amante de los gatos, pero también como “una persona fríamente calculadora” para la cual la vida de los demás carecía de importancia, Zschaepe constitiyó un enigma difícil de descifrar durante el juicio.

El perfil que conocidos e investigadores trazan de esta mujer llega incluso a ser contradictorio. Zschaepe ha sido considerada culpable de sembrar el terror desde la clandestinidad y de asesinar entre el año 2000 y el 2007 a nueve inmigrantes y a una policía alemana junto a dos compañeros, que se suicidaron en 2011 al estar cercados por las autoridades.

“Soy una persona compasiva y he podido ver y sentir la angustia y la desesperación de los familiares (…) Me disculpo por el sufrimiento que causé”, dijo en su alegato final, en el que también defendió su inocencia desvinculándose de los delitos que se le imputan como integrante de la célula neonazi NSU. “Por favor, no me juzguen por lo que hicieron otros y por algo que yo no quería ni hice”, agregó.

Hija de madre soltera, nació en la extinta República Democrática Alemana (RDA) y vivió con su abuela después de que su progenitora se desentendiese de su crianza.

Tras moverse en círculos de izquierda y punks durante su entrada en la adolescencia, con 17 años conoció al ultraderechista Uwe Mundlos, con quien inició una relación sentimental y se fue adentrando en el mundo neonazi y radicalizándose.

Testigos que declararon ante el tribunal de Múnich que juzgó el caso indicaron que hasta que entró en contacto con el mencionado extremista de derecha jamás había mostrado un mínimo interés por la política.

Posteriormente, junto a Mundlos y al mejor amigo de éste, Uwe Boehnhardt, creó según los investigadores la NSU. Bajo los alias de Susann Dienelt, Mandy Pohl o Baerbel Bucilowski, entre otros, la presunta terrorista comenzó con sus dos cómplices una vida clandestina que se prolongó durante casi 14 años y que la llevó a mudarse con frecuencia de domicilio.

Durante el proceso, la Fiscalía se mostró además convencida de que ella se encargaba de elegir y vigilar a las víctimas y de preparar la logística que necesitaba el grupo, buscando viviendas y un garaje en el que sus dos compañeros fabricaron bombas. Otros de los delitos que se le imputaron fueron atracos y un ataque bomba en Colonia contra el negocio de una familia iraní. Además, se cree que prendió fuego a la vivienda en la que residía con sus compañeros fallecidos para destruir pruebas.

DEJA UNA RESPUESTA

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.