Sí…esto me ocurrió una vez.

Sí…esto me ocurrió una vez.

Me ocurrió una vez. Fue en Barcelona, a comienzos de los 90 en la última centuria del milenio pasado. Éramos unos 50 amigos del Partido Humanista, participando de una marcha contra la instalación de nuevas bases de la OTAN en España. Nos había tocado ir delante de los amigos de Herri Batasuna, el partido independentista vasco. Ellos, los vascos, eran miles, muy organizados y con un tono belicoso importante. Tanto era así que, mientras esperábamos que comenzara la marcha, se divertían tirando bengalas que explotaban a pocos metros de los helicópteros policiales, que volaban a baja altura. Y cuando los helicópteros se elevaban luego de la corta explosión de las bengalas, se reían y mofaban en una suerte de lúdica belicosidad.

La marcha arrancó y su trayecto era largo. En un momento tomamos por esas angostas callejuelas catalanas y la marcha se paró…. y justo nos detuvimos frente a un banco, que (cuándo no!) estaba custodiado por 2 policías, ataviados cuál Robocops.

O sea…una callejuela colmadísima de gente que no podía ni avanzar ni retroceder…y los vascos se dieron cuenta muy rápido, que su oportunidad se había presentado.

Con una silenciosa sintonía situacional unos 100 de ellos fueron formando un semi-círculo, a no más de un metro de los, a esta altura, asustados Robocops….y empezaron a insultarlos de un modo que jamás había visto en mi vida…con un resentimiento de siglos.

Si hubieran querido los podrían haber matado, sin mucho esfuerzo y sin bajas….afortunadamente no lo hicieron y luego de una media hora, nuestra marcha retomó su andar…y finalizó sin mayores incidentes.

Es curioso que en algunas ciudades tan aparentemente prolijas y “civilizadas”, se manifiesten estos y otros episodios aún más violentos…es como si fueran ciudades con volcanes subterráneos latentes.

Pero después comprendí que algo similar sucede en algunas personas…cuentan con un sub-mundo que cuando se expresa no coincide con la prolijidad de su vestimenta ni, mucho menos, con sus superficiales “buenos modales”.

Y luego, como un bálsamo y quizás como un criterio para un mundo por venir, llegó a mi mente aquel sabio pensamiento de Silo: “No es valiente dejar de proclamar las propias certezas, pero es indigno de la verdadera solidaridad tratar de imponerlas”

Sí…esto me ocurrió una vez.

 

Dedicado a Patricia Segovia

 

Por Jano Arrechea

 

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